La precariedad de la niñez

Por: Dra. María E. Enchautegui

Economista y Directora de Investigación del Instituto del Desarrollo de la Juventud

La situación de los niños y jóvenes de Puerto Rico es precaria. Así lo muestra el Índice de Bienestar de los Niños y la Juventud publicado por el Instituto de Desarrollo de la Juventud.

Cuando todos los indicadores (27 en total) se unen para conformar el Índice y Puerto Rico se compara con los 50 estados de los Estados Unidos y el Distrito de Columbia, Puerto Rico obtiene una calificación de D. Más aún, Puerto Rico empeoró en casi todos los indicadores entre el 2016 y el 2017.

Los entornos en los cuales los niños y niñas se desarrollan muestran deterioro poniendo en peligro el bienestar de la niñez.

En el entorno del hogar los niños y niñas enfrentan pobreza, dependencia en ayudas del gobierno, falta de empleo y bajos salarios de sus padres. Aunque el porcentaje de familias con niños cuyos padres estaban empleados mejoró, el ingreso promedio de estas familias se redujo en cerca de $1,000. En 45% de los hogares con niños se recibe ayuda del Programa de Asistencia Nutricional. Más de la mitad, 58%, vive bajo el nivel de pobreza, al igual que 62% de los niños en las edades de 0 a 5 años.

El entorno escolar es un reto con más niños informando acoso escolar, peleas y ausencias debido a sentirse inseguros en la escuela o de camino ésta.

En el entorno comunitario, la inseguridad asedia a los jóvenes. En el 2017, murieron 42 de cada 100,000 en las edades de 15 y 19 años y el 17% de los jóvenes han considerado suicidio. Más del 80% de los niños y niñas viven en comunidades de alta pobreza. Las comunidades no parecen ofrecer alternativas de recreación, ejercicios y deportes pues el 30% de los niños no realizan actividad física.

Solucionar la precariedad de los niños y niñas de Puerto Rico no es tarea fácil. Requiere determinación y liderato. La clase política aún no se decide a agarrar el toro por los cuernos cuando se trata de reducir la pobreza de los niños y jóvenes, mas parecen estar al unísono cuando se trata de limitarle sus derechos. Se han escuchado propuestas como el toque de queda, reducir el salario mínimo de los jóvenes y hasta ordenar pruebas anuales de cáncer para entrar a las escuelas.

El mes pasado, la Academia Nacional de Ciencias e Ingenierías de los Estados Unidos publicó un estudio respondiendo a una pregunta directa y concisa que le hiciera el Congreso: ¿Qué tomaría reducir la pobreza infantil en la mitad en un periodo de 10 años? Canadá se hizo la misma pregunta en 2016 y está trabajando hacia ese objetivo. Inglaterra también se lo planteó en el 1998 y logró reducir la pobreza infantil a la mitad antes de terminar los diez años. El panel de investigadores de la Academia concluyó que una combinación de subvenciones directas, estímulos al trabajo y ayudas condicionadas al ingreso es lo más efectivo para lograr ese fin. La Academia también concluye que reducir la pobreza en la mitad es sumamente caro, pero más caro es no hacer nada. Los costos de la pobreza infantil se muestran en costos altos de salud, seguridad, baja escolaridad y salarios bajos, contabilizándose entre $800 billones a $1.1 trillón anuales. Desgraciadamente el estudio se enfocó en los 50 estados y el Distrito de Columbia, excluyendo a Puerto Rico, dejando un mal sabor entre los grupos que abogan por el bienestar de los niños en Puerto Rico.

El Índice de Bienestar de la Niñez y la Juventud y el informe de la Academia nos recuerdan que hay mucho camino por recorrer, pero se tiene que comenzar con el compromiso explícito de reducir la pobreza infantil pues lo que está en juego es el futuro económico de Puerto Rico.